sábado, abril 03, 2010
La ciencia, dos buenas noticias!
lunes, marzo 02, 2009
Rio de Janeiro, 444 años de ciudad maravillosa
Si todavía hoy al mirarla y pasear por sus playas, avenidas y parques nos quedamos encantados, me imagino como debe haber sido hace 400 años cuando los portugueses lucharon por ella y más tarde cuando otros fueron llegando
Es cierto que no a todos nos encanta tanto, es conocido el caso de doña Carlota Joaquina, Reina de Portugal y Princesa de Brasil que no se quiso llevar ni la arena de sus playas en sus zapatitos y los sacudió bien cuando volvió a su tierra luego del exilio voluntario, pero me imagino que fue porque le daba demasiado calor en esos trajes europeos nada apropiados al clima tropical y aunque reclamó bastante, fruto entre otras cosas de haber tenido que abandonar su corte por estas tierras tupiniquins y por no haber estado enamorada de su marido, harto bien que lo pasó con los que la ayudaron a disminuir su, digamos, falta de amor mientras estuvo en estos parajes de las cuales ni el polvo se llevó, pero esto es otra historia.
Esta ciudad además de maravillosa es acogedora, calurosa, húmeda y verde. Violenta, es verdad, no lo voy a negar, pero en ella se mezclan todos los sabores, colores y formas y tal como se pregunta Drumond, ¿por que no también los amargos?
Rio, que puede parecer siempre una fiesta para los que la miran sin cuidado. Rio que es cultura, que es pueblo negro, blanco, indio y de cuanto color exista. Rio que es ciencia, la poca que queda y se hace con esfuerzo y gana. Rio que se trabaja todo los días en tren a dos horas de casa. Rio que es comida picante, ensaladas suaves, frutas frescas, feijoadas calientes, comida en la calle, cerveza de pie. Rio que es arte y poesía. Rio que es gente amable, cariñosa y educada. Rio que tiene asaltante. Rio que baila en la calle.
Cantamos, reímos, trabajamos, amamos y lloramos como en cualquier ciudad del planeta, pero en Rio, se hace como los cariocas, así, como si no se estuviera haciendo mucho, como si todo fuera fácil, como si de esta vida no se llevara nada más que un poco de samba, un poco de sol, un poco de playa y con suerte, con un poco de suerte tal vez se lleve un amor y el próximo campeonato carioca de futbol.
Este es mi homenaje a esta ciudad que me ha acogido durante la mitad de mi vida con todo el calor, la alegría. la bossa e aquele jeitinho carioca que só um carioca* puede tener.
Parabens Rio!
• car-ioca casa de blanco en Tupi
miércoles, marzo 12, 2008
Saudades, memorias y otras yerbas

Rainer Maria Rilke
Saudades es una palabra que se siente. Se siente en el cuerpo, se siente a veces en los ojos cuando se nos llenan de lagrimas, se siente en el pecho. Saudades es el recuerdo o la nostalgia que tengo de un momento o de alguien. Saudades es la esperanza de algo que ya fue, y deseo que vuelva a ser.
Saudades es evocar mis memorias y mi capacidad de proyectarme a futuro con alegría si es que sé que viviré nuevamente ese momento o con tristeza si me doy cuenta que lo que recuerdo ha quedado en un tiempo que ya no volverá.
Saudades… sin memoria no podría sentir saudades y quizás no podría sentir muchas otras sensaciones o emociones si no tuviera la capacidad de recordar.
Hace un tiempo atrás escribí sobre el arte de olvidar como un modo de adquirir nuevos conocimientos y como una forma de sobrevivir a situaciones de extremo dolor. Hoy quería escribir sobre la importancia de recordar, sobre la memoria.
La memoria es la adquisición, almacenamiento y evocación de informaciones. O dicho de otra forma, son los cambios eléctricos que se producen en el cerebro cada vez que recordamos algo.
Cada vez que realizamos el ejercicio de recordar, estamos activando diferentes centros cerebrales que realizan “caminos o sendas” de relaciones y conexiones eléctricas entre las neuronas y estas conexiones hacen con que podamos evocar alguna información adquirida.
Como cualquier otra actividad física, cuanto más nos ejercitamos, más y mejor hacemos las conexiones y esto lo sabemos todos muy bien.
Recordamos mucho mejor el camino que más hacemos, las músicas que cantamos con más frecuencia, los nombres de nuestros amigos más íntimos, las historias que contamos más a menudo, las películas que vemos más de una vez.
Olvidamos con facilidad lo que acabamos de leer (trata de recordar la penúltima frase que leíste) el teléfono que me dieron ayer y en muchos casos los nombres de personas que nos acabaron de presentar en una reunión.
Es importante recordar que nada nos pasa sin que la emoción esté involucrada en el proceso y con la memoria no es diferente. Nunca somos un libro en blanco al escuchar, leer, ver o sentir algo. Vamos con nuestras memorias, emociones y expectativas aprendiendo lo nuevo y dejando de lado lo que no nos sirve más o nos ocurrió en un determinado estado emocional.
Es muy probable que nos recordemos mucho mejor que estábamos vistiendo el día que en que esa persona tan especial nos pidió en pololeo que recordar lo que estábamos vistiendo el miércoles de la semana pasada. Como también es posible que casi todos recordemos donde estábamos el 11 de septiembre (vale el 73 como 2001)
Recordamos pequeños detalles de eventos que nos emocionaron o nos afectaron pero olvidamos fácilmente los mismos cuando el estado emocional era diferente.
La mayor parte de los olvidos, según los estudios, resulta por la falta de uso de las conexiones sinápticas, por lo tanto para no olvidar lo que tenemos que hacer es ejercitar las sinapsis, ¿cómo? ¡Evocando las memorias! Recordando.
No se sabe todavía que tipo de sinapsis se hace para cada memoria, pero lo que si se sabe es que zonas del cerebro se activan cuando recordamos: el hipocampo, el núcleo de la amígdala (del cerebro, no de la garganta) y las conexiones de ambas con el resto del cerebro principalmente con el cortex.
Un excelente ejercicio para la memoria o para realizar sinapsis, ya que utiliza todas esas zonas mencionadas, es la lectura.
Cuando leemos, además del placer que nos provoca y con esto ya activamos varios centros, estamos activando también la memoria visual, verbal y motora. Cada letra que juntamos, cada palabra que evocamos, cada imagen, sonido, color, paisaje, y hasta las paginas que damos vuelta activan tanto nuestro cerebro que aparentemente no hay otra actividad que haga algo similar, a no ser escuchar.
La capacidad de escuchar, de comprender algo que es dicho, activa casi las mismas zonas en el cerebro por lo que se imagina que para que un niño pueda comprender un texto escrito tiene que también poder comprender el lenguaje.
Lo que a mi me lleva a pensar que escuchar también es un buen modo de ejercitar nuestras sinapsis. Conversando realizamos asociaciones de nuestros recuerdos con los recuerdos del que nos habla y si es alguien a quien conocemos hace mucho, mejor todavía, ya que además nos ayuda a “refrescar” esa memoria que ya andaba medio perdida por falta de uso gracias a una única frase: ¿te acuerdas cuando?
Hacer ejercicios para la memoria es el mejor modo de no perderla y para esto todos los ejercicios valen incluso aquellos que han dejado de estar de moda como memorizar.
Esta palabra, para algunos educadores, pasó a ser sinónimo de mala educación, como si memorizar algo fuera menos importante o menos inteligente que otro modo de aprender.
Dentro de las varias formas de aprender y de enseñar sin duda creo que promover procesos reflexivos y cuestionadores es una forma con la cual un niño crece aprendiendo a aprender, pero también creo que aprender de memoria algunas cosas no nos hace mal ni daña el cerebro, al contrario, creo que es bueno.
Siento falta de niños y jóvenes recitando poemas. Niños sabiendo las tablas de multiplicar de memoria e incluso las preposiciones.
Pienso que reflexionar sobre la historia o sobre las ciencias es importante y necesario, no sólo para los niños como para los adultos, pero también creo que cualquier edad es buena para aprender de memoria una canción, una poesía, los cumpleaños de los que amamos o todas estas cosas que dejamos de memorizar gracias a la tecnología.
Al fin y al cabo, la memoria, aunque muchas, es una sola y vale la pena tenerla por el mayor tiempo posible, aunque sea para sentir saudades y esas saudades sean, algunas veces, la confirmación de que lo que deseamos ya no volverá.
domingo, octubre 07, 2007
Café Helado

Entre mis recuerdos preferidos esta las tardes pasadas en un antiguo café en el centro de Santiago.
Siempre que nos llevaban al cine para ver una matiné o para tomar té después de algún paseo terminábamos haciéndolo en este lugar.
Cuando llegábamos, bajábamos las escaleras corriendo contentos para encontrar una mesa que ya tenía sobre ella un canastito lleno de panes dulces y de otros tipos muy variados y algunas galletas. No recuerdo haber tomado jamás un té.
La mantequilla venia en bolitas pequeñas mojada con agua y nunca estaba ni muy blanda ni muy dura y de solo mirar como ya desfilaban en las bandejas los pedidos para las otras mesas nos impacientábamos de esperar.
Los mozos eran muy viejos, siempre los mismos y era con ese orgullo, que sólo los niños sienten, que yo imaginaba que mis abuelos eran muy importantes porque los mozos los conocían.
Cuando por fin llegaba nuestro pedido teníamos que ponernos de rodillas en la silla ya que los vasos eran tan altos que no los alcanzábamos.
- coman despacio, decía mi mamá, para que no les duela la cabeza.
Pero siempre me dolía, era tanto el helado de bocado, como se decía en esa época, con que llenaban los vasos que algo que todavía no investigo me sucedía, y una puntada entre las cejas era inevitable siempre que llegaba más o menos a la mitad de mi gran café helado.
Todo era exagerado en ese café. La crema chorreaba hasta llegar al plato y si no tomabas cuidado al tomar los primeros sorbos, corrías el riesgo de perder bastante café y helado. Había que ser hábil con la larga cucharita y la pajita. Cada una se usaba en su debido tiempo.
Lo recuerdo como un lugar silencioso, de gente mayor, mesas y sillas oscuras y un gran salón redondo.
domingo, agosto 19, 2007
Memoria, libros y una pasión

Tengo entre mis recuerdos algunos momentos donde me veo sentada en el escritorio de mi abuelo. Todavía no sabía leer pero me entretenía jugando a “leer” libros enormes con tapas de cuero rojas y letras doradas.
No me acuerdo como fue que aprendí a leer o a escribir. Me acuerdo de juntar letras y dibujarlas y así formar palabras que algo significaban, pero lo que si recuerdo bien es la felicidad del día que me regalaron “El tesoro de
Recuerdo como era divertido Papelucho y como fue triste Platero. Lloré y reí con Mujercitas, me aventuré por ríos con Tom Sawyer, viaje para mundos enormes y pequeños con Gulliver y un poco después, sufrí de amores leyendo a las hermanas Bronté.
Los libros todavía siguen siendo mis grandes amigos, todavía la experiencia de mi niñez me acompaña y aunque sus páginas no sean tan blancas, sus tapas no sean de cuero y con letras doradas mis libros también tienen su olor, olor a nuevo, olor a viejo, olor a libros.
Hoy en día, juego a leer leyendo y algunas veces hasta escribiendo algunas palabras con un poco más de sentido ya que hoy alcanzo todas las teclas y al hacerlo, recuerdo a mi abuelo y algo que él me decía.
Y todo esto que escribí es sólo para recodar que tenemos memoria, tenemos nuestros recuerdos, pero es en los libros que la memoria de la humanidad está guardada.
Basta abrirlos y encontrar algo así:
“Un libro se hace a partir de un árbol. Es un conjunto de partes planas y flexibles (llamadas todavía "hojas") impresas con signos de pigmentación oscura. Basta echarle un vistazo para oír la voz de otra persona que quizás murió hace miles de años. El autor habla a través de los milenios de modo claro y silencioso dentro de nuestra cabeza, directamente a nosotros. La escritura es quizás el mayor de los inventos humanos, un invento que une personas, ciudadanos de épocas distantes, que nunca se conocieron entre sí. Los libros rompen las ataduras del tiempo, y demuestran que el hombre puede hacer cosas mágicas.”
Cosmos, capitulo 11 La persistencia de la memoria
Porque después de haber leído a Carl Sagan el mundo nunca más será el mismo, será mejor y aunque él no esté más aquí su memoria siempre estará en sus libros.
jueves, agosto 03, 2006
¿Qué te llevo? Items necesarios para vivir lejos de Chile

Vivo hace mucho tiempo lejos de mi querido Chile lo quiero y vuelvo siempre que puedo por muchas y variadas cosas.
Lo quiero por sus paisajes, por su gente, por mi familia, por los recuerdos que me trae, por sus aromas, por sus músicas y su poesía.
Lo quiero por mis amigos, por mi colegio, por mi barrio.
Lo quiero cada vez que voy y vuelvo a ver la cordillera y los volcanes que amo.
Lo quiero y lo extraño todos los días, y una forma de tenerlo un poco más cerca es cuando alguien me visita y me pregunta:
¿Qué te llevo?
Como ésta no es una pregunta muy facil de responder ya que son muchas las cosas que quiero y extraño me complicaba un poco responderla, entonces, hace algunos años, buscando una receta de pan amasado, me encontré con una lista de pedidos de un chileno que vivía hace mucho fuera de Chile. Inspirada por él decidí hacer mi propia lista para cuando mis amigos y familia me vinieran a ver y me hicieran la eterna pregunta ¿Qué te llevo?
Sahane-nuss, alfajores El Condorito. Cuchuflis, cuchuflis con chocolate, Paila para hacer huevos revueltos. Ayuyas, pan amasado, berlines calentitos con mermelada, tostador de pan de esos que se ponen en la cocina, pisco, vino, papayas confitadas, papayas al jugo, papayas en almíbar, jugo de papayas, lúcumas, puré de lúcuma, lúcuma congelada. Mermelada casera de damasco con damascos enteros, mermelada de mora, mote, huesillos, damascos secos, ciruelas secas, almendras, mazapán, chirimoyas, callampas, guindas, murtas, calzones rotos, sopaipillas, empolvados, tortilla de rescoldo, chancaca, calugas de la varasovian, ají verde, ají cacho de cabra, ají envasado, paltas, choclos chilenos, humitas, pastel de choclo, porotos granados, pan de huevo del que vendían en el Tabo, empanadas de pino y de marisco de Tongoy, lomito completo de la Fuente Alemana, helado de chocolate suizo, colonia inglesa, colonia Amen, higos frescos, penino fruta, merquen, manjar, miel de palma, una patilla de lavanda, música chilena, semillas, lanas, libros, fotos de la cordillera, de los lagos y de los volcanes.
Me gusta Chile!!!
*Esta lista ya no es más la misma ya que gracias a muchas personas que colaboraron en los dos post publicados en Atina creció mucho, no pude copiar los post con todos los comentarios pero pinchando aquí y aquí encontraran la lista completa. Se las recomiendo!!
sábado, julio 22, 2006
El Arte de Olvidar *
Pero también creo que somos quien somos por el recuerdo y la memoria de los otros, de nuestros amigos, de nuestros familiares, de nuestros conocidos.
Son los amigos y familiares los que nos recuerdan quienes éramos en algún momento.
¿Te acuerdas cuando? Nos dicen y algo nos pasa, nuestro cerebro recorre sus trillas hace sus conexiones y… recordamos. Será en este dialogo, en estas reminiscencias que continuaremos construyendo nuestro ser, nuestras memorias.
Pero para poder continuar siendo y para poder continuar viviendo también a veces es necesario olvidar.
El olvido como un mecanismo para poder aprender cosas nuevas, como nos explica Ivan Izquierdo en su libro al cual me refiero en el titulo de este post, es también otra forma de ser. Así como los recuerdos nos hacen quien somos, olvidar también nos reconstruye.
Las madres olvidamos los dolores del parto para poder engendrar de nuevo. Los niños olvidan las peleas con sus amigos, los amantes olvidan.
No somos capaces de recordarlo todo, ni debemos, bien lo sabía Borges cuando dice que para pensar es necesario poder olvidar.
Olvidar es un arte y como todo arte es necesario practicarlo, es necesario hacer un ejercicio de olvido
Tanzan y Ekido una vez viajaban juntos
y caminaban por un camino embarrado.
Una fuerte lluvia estaba cayendo todavía.
Al girar en un recodo del camino
se encontraron con una hermosa chica con kimono
y ceñidor de seda incapaz de cruzar la intersección.
"Crucemos" dijo Tanzan inmediatamente dirijiéndose a la chica,
levantándola en sus brazos y transportándola sobre el barro.
Ekido no volvió a hablar hasta esa noche cuando llegaron al templo en que se alojaron. Entonces Ekido no pudo contenerse por más tiempo.
"Nosotros los monjes no nos acercamos a las damas"
le dijo a Tanzan, "especialmente a las jóvenes y hermosas.
Es peligroso. ¿Por qué lo hiciste?"
"Yo dejé a la chica allí" replicó Tanzan, "
¿Estas tu llevándola todavía?"
* Izquierdo, I. A arte de Esquecer. Viera & Lent. Rio de Janeiro. 2004